Die Krupps:
cuatro décadas empujando los límites del industrial
Pocas bandas pueden decir que ayudaron a definir el sonido de todo un género. Desde Alemania, Die Krupps ha sido una de las formaciones clave en el desarrollo de la música industrial y su posterior cruce con el metal y la electrónica. Desde los experimentos industriales de su debut «Stahlwerksinfonie», pasando por himnos que marcaron a toda una generación como ‘To the Hilt’, ‘Machineries of Joy’ o ‘Robo Sapien’, la banda liderada por Jürgen Engler ha construido una trayectoria que atraviesa más de cuatro décadas de innovación sonora.
Con una estética inspirada en el mundo industrial, maquinaria pesada y crítica social, Die Krupps no solo fue pionera dentro del movimiento europeo de música electrónica oscura, sino que también abrió el camino para la posterior fusión entre metal y electrónica que influenciaría a innumerables bandas en los años noventa y dos mil.
Hoy, mientras la banda prepara nuevo material tras su último trabajo «Vision 2020 Vision», su legado continúa vivo en distintas generaciones de fans y artistas. En medio de este nuevo capítulo, tuvimos la oportunidad de conversar con Jürgen Engler, vocalista y figura central del grupo, para hablar sobre la evolución de la música industrial, el impacto de su catálogo en el público actual, el sonido del próximo álbum y su interés por visitar Chile en el futuro.
A continuación, la conversación completa.
La música industrial nació como una crítica a la sociedad mecanizada. Hoy vivimos dentro de esa realidad.
¿Sientes que la banda anticipó el mundo en el que estamos ahora o que el mundo simplemente los alcanzó?
-Creo que hay un poco de ambas cosas. Crecimos en el Ruhrgebiet, una gran región industrial de Alemania, y ese entorno influyó profundamente en nosotros. Aunque Düsseldorf no es tan industrial como otras ciudades cercanas, todavía había grandes fábricas. Una de ellas era Mannesmann, una enorme acería alemana. De hecho, de allí tomé algunas piezas metálicas que usamos en nuestros primeros experimentos sonoros.Ese ambiente formaba parte de nuestra vida cotidiana, así que naturalmente influyó en la música que empezamos a crear. Al mismo tiempo, también se podría decir que el mundo terminó alcanzando muchas de esas ideas.
Hoy todo ha cambiado bastante. Yo ya no vivo allí. En cierto sentido dejé atrás esa etapa de mi vida y seguí adelante. Siempre quise salir de ese entorno y encontrar un lugar mejor para vivir. Actualmente estoy en un buen momento.

Después de tantos años, ¿qué sigue siendo lo más importante para ti hoy: el mensaje, la energía o la identidad sonora de Die Krupps?
-Para mí, todo eso sigue siendo fundamental. Es muy importante que la banda mantenga un mensaje. Siempre estoy muy atento a lo que ocurre en el mundo. Suelo tener las noticias encendidas desde la mañana hasta la noche. Eso influye directamente en cómo escribo la música y las letras.
La energía también es esencial. Cuando ves un concierto de Die Krupps, lo que encuentras es precisamente eso: energía. No es un espectáculo pasivo. Cuando subo al escenario todavía siento la misma intensidad que sentía cuando era joven. Esa sensación aparece en cuanto escucho la música y veo al público frente a nosotros.
No puedo imaginar hacer esto sin esa energía. Siempre digo que nunca me retiraré. Seguiré haciendo esto mientras pueda. Amo lo que hago y siempre ha sido así. No es un personaje ni una actuación: es parte de quien soy. Es una fuerza que siempre me ha impulsado hacia adelante.
Mirando su último disco, ¿qué crees que el público entendió bien y qué sientes que aún no ha comprendido completamente?
-Si hablamos del álbum «Vision 2020 Vision», hay algo interesante. Cuando lo escribí, la pandemia todavía no había ocurrido. Sin embargo, tenía la sensación de que algo importante iba a suceder. No sabría explicar exactamente por qué.
Durante la gira de ese disco usaba una mascarilla en el escenario, y muchas personas me preguntaban por qué lo hacía. Simplemente sentía que debía hacerlo. Incluso pedía a los técnicos que limpiaran el micrófono y el soporte cada noche antes del concierto, algo que nunca había hecho antes.
Poco después de esa gira comenzó la pandemia. Entonces muchos fans me escribieron recordando que me habían visto usar la mascarilla en esos conciertos. Les dije que había tenido una especie de intuición, una sensación de que algo estaba por venir.
Ese era uno de los conceptos centrales del álbum: la idea de que algo estaba a punto de suceder. También se reflejaba en la estética visual del disco, con ciudades destruidas o escenarios de conflicto. Había una sensación de tensión en el ambiente.
¿Crees que todo lo que está ocurriendo actualmente en el mundo influirá en el nuevo material que están creando?
-Sí, por supuesto. Todo lo que ocurre en el mundo influye de alguna manera, especialmente en las letras, pero también en la música. Todo ese contexto termina filtrándose en el proceso creativo.
En el próximo álbum la música será mucho más duro. Es diferente. Puedo garantizar que hará que la gente se sorprenda cuando lo escuche.
¿Será muy diferente a «Vision 2020 Vision»?
Mucho más diferente. Mucho más directo y agresivo. Es un sonido más frontal. Cuando salga, la gente lo notará inmediatamente.

La música industrial solía sonar peligrosa. Hoy muchas bandas suenan más pulidas. ¿Crees que la escena se ha vuelto más segura de lo que debería?
-Sí, exactamente. De eso estaba hablando antes. El nuevo álbum no sonará pulido. Tendrá un sonido más extremo, algo que quizás la gente no espera.
Para mí, el industrial en sus comienzos era música experimental, muchas veces atonal, hecha con instrumentos no convencionales. Con el paso del tiempo, especialmente en los años ochenta y noventa, el término empezó a usarse para muchas cosas distintas. A veces bastaba con poner distorsión en la voz para que algo fuera llamado industrial.
Con el tiempo todo se volvió más accesible, pero también más pulido. Muchas producciones actuales suenan demasiado suaves y sin filo. Han perdido ese carácter más peligroso que tenía el género.
Además, hoy muchas bandas usan exactamente las mismas herramientas. El mismo software, los mismos procesos de producción, los mismos plugins. Eso hace que muchas cosas terminen sonando muy parecidas.
En los comienzos era diferente. Cuando empezamos a trabajar con música electrónica en Düsseldorf, cada banda tenía equipos distintos. Había una sola tienda que vendía sintetizadores y normalmente tenían solo una unidad de cada modelo. Si llegabas y había un Korg MS-20, ese era el que comprabas. Si otro músico llegaba después, tenía que elegir otro instrumento.
Por ejemplo, yo compré un ARP Odyssey usado. Otros músicos tenían un Oberheim o un MS-20. Eso hacía que cada banda desarrollara un sonido propio. Hoy en cambio todo el mundo tiene acceso a las mismas herramientas digitales, y muchas cosas terminan sonando iguales.
Después de decir todo eso, ¿hay algún artista actual que te haga sentir que el género todavía puede evolucionar o sorprender?
-Para ser honesto, no tengo demasiado tiempo para escuchar música nueva. A veces escucho algo cuando voy a un club o cuando alguien me recomienda un artista, pero no paso mucho tiempo explorando la escena actual.
Hasta ahora no he encontrado muchos proyectos recientes que realmente me hayan sorprendido o que despierten especialmente mi interés. Aunque también debo reconocer que probablemente no paso tanto tiempo investigando música nueva como otras personas.
Cuando empezamos, intentábamos hacer algo completamente distinto. Queríamos crear algo que no estuviera conectado directamente con lo que ya existía. Nuestro primer álbum, «Stahlwerksinfonie», fue concebido de esa manera.
Tenía influencias, por supuesto. Una de ellas fue «Metal Machine Music» de Lou Reed, un disco muy experimental basado en ruido. Pero nuestro enfoque fue diferente. Tomamos esa idea de experimentar con sonido y la llevamos a nuestro propio contexto, el de crecer en una región industrial de Alemania.
Ese entorno fue lo que realmente definió nuestra identidad sonora.

Muchas bandas de su generación están viendo cómo su catálogo es redescubierto a través de reediciones y recopilatorios. ¿Disfrutas revisitar ese legado o prefieres concentrarte principalmente en el futuro?
-Recientemente publicamos todo nuestro catálogo nuevamente, al menos en formato digital, y también estamos trabajando para lanzarlo otra vez en vinilo y CD.
Personalmente, me gusta concentrarme en el futuro. Sin embargo, también creo que es importante que los fans tengan acceso al material antiguo. Durante muchos años la gente nos preguntaba por qué algunos de nuestros discos más importantes no estaban disponibles en línea. Eso no es algo positivo, porque si las personas no pueden encontrar tu música, simplemente desaparece para una parte del público.
Hoy en día el formato físico representa solo una pequeña parte de cómo la gente accede a la música. Muchas personas ya no encuentran discos en tiendas o no tienen la posibilidad de comprarlos fácilmente. Por eso es importante que todo esté disponible.
Dicho eso, mi enfoque principal siempre está en el futuro. La banda todavía no ha terminado su historia. De hecho, siento que todavía estamos en medio de ese camino.
Cuando han vuelto a interpretar material clásico en vivo, ¿qué te ha revelado eso sobre el público actual?
-Es interesante, porque cuando tocamos canciones más antiguas como ‘To the Hilt’ o ‘Machineries of Joy’, siguen siendo muy bien recibidas. Pero al mismo tiempo he notado que algunos temas más recientes incluso generan una reacción aún mayor.
Por ejemplo, ‘Robo Sapien’ se ha convertido en un gran éxito dentro de nuestros conciertos. Hoy en día probablemente sea una de las canciones más fuertes del repertorio. En algunos casos incluso supera la reacción que generan canciones clásicas como ‘Machineries of Joy’ o ‘To the Hilt’.
También hay otros temas muy populares en los shows, como ‘The Anvil’, ‘Schmutzfabrik’ y varios más. Es interesante observar cómo las preferencias del público cambian con el tiempo.
Lo que también hemos notado es que ahora tenemos varias generaciones de fans. No se trata solo de personas que nos siguen desde hace décadas. En las primeras filas de muchos conciertos hay gente bastante joven, en sus veinte o treinta años. Los fans de mayor edad suelen estar más atrás, pero siguen asistiendo.
Eso demuestra que la banda ha logrado conectar con distintas generaciones. En cierto modo ya estamos hablando de tres generaciones de público.
Además, algo que me llama la atención es que hoy las audiencias se parecen mucho entre distintos países. Durante nuestra última gira europea notamos que el tipo de público era bastante similar en muchas ciudades. Hace décadas era diferente. En los años noventa, por ejemplo, el público en Escandinavia era muy distinto al de Alemania o Europa del Este. Hoy todo está mucho más conectado.
Sabemos que tienes una conexión personal con Chile y algunas amistades aquí. Más allá de esas relaciones, ¿qué impresión tienes del país y de su escena musical?
-Me gustaría poder visitarlo y conocerlo mucho más. Ese es realmente mi deseo. Como mencionaste, soy amigo de Ivan de Vigilante y siempre he querido tocar en Chile.
Me gustaría ver cómo es el público allí y conocer el país por mí mismo. Puedes leer muchas cosas en internet y tener una idea general, pero la única manera de entender realmente un lugar es estar allí.
Además, ahora vivo más cerca de Chile que cuando estaba en Alemania, así que espero que en algún momento podamos organizar una gira y finalmente ir a tocar a Santiago. Sería algo que me encantaría hacer.
Si alguien descubre a Die Krupps hoy por primera vez, ¿qué te gustaría que entendiera sobre la banda?
-Me gustaría que entendieran que fuimos una banda que ayudó a abrir camino para muchos estilos dentro del industrial, el electro y el metal.
Desde el principio intentamos crear algo con una identidad clara y con un mensaje. Nunca nos interesó hacer letras vacías o sin contenido. Siempre hubo una intención detrás de lo que decíamos.
También creo que es importante que la gente entienda que Die Krupps siempre intentó empujar los límites del género. Nuestra música no se trataba solo de sonido, sino también de una idea, de una visión sobre el mundo que nos rodea.
Entrevista Por Matias Arteaga S.
