La noche del 23 de abril en el Teatro Caupolicán dejó claro que algunas bandas no vienen simplemente a tocar, sino a imponer presencia. Jinjer regresó a Chile con la gira de promoción de «Duél», su más reciente trabajo de estudio, y volvió a confirmar por qué se han transformado en una de las agrupaciones más respetadas del metal moderno. La conexión con el público chileno no es casualidad ni novedad; cada visita fortalece ese vínculo construido a base de shows intensos, honestidad artística y una propuesta musical que escapa de cualquier molde fácil. Desde discos como «Cloud Factory», «King of Everything», «Macro» y ahora este nuevo capítulo, la banda ucraniana ha sabido evolucionar sin perder identidad, y eso se siente con fuerza sobre el escenario.
La jornada comenzó temprano y con un público que llegó dispuesto a vivir cada minuto. Los encargados de abrir la noche fueron los nacionales Insanity Storm, quienes asumieron el desafío con decisión y una descarga de energía inmediata. Desde los primeros compases de ‘I’ll Take It’, quedó claro que su intención era encender el ambiente sin medias tintas.
‘Dark Knight’ y ‘Burning Soul’ continuaron elevando la intensidad con una propuesta agresiva, veloz y cargada de riffs cortantes, mientras que ‘Gea’ y ‘Shining Star’ permitieron mostrar una faceta más amplia dentro de su sonido, manteniendo la fuerza pero incorporando una construcción más atmosférica. La banda logró sostener la atención del público con una ejecución sólida y una actitud que transmitía convicción.

Uno de los momentos más destacados llegó con ‘Chronos’, una pieza donde su identidad ligada al melodic black metal con matices thrash se sintió con mayor claridad. Allí también brilló especialmente Elizafer, vocalista de la banda, cuya presencia escénica aportó un carácter casi ceremonial a la presentación. Su costumbre de levantar una copa antes de algunas canciones reforzó esa sensación ritual, mientras su capacidad para alternar entre voces limpias y guturales potentes sostuvo gran parte del peso del show. El cierre con ‘Attack’ dejó una impresión positiva: una banda intensa, frontal y con una propuesta que encuentra personalidad propia sobre el escenario.

Luego fue el turno de All Tomorrows, y desde el inicio se percibió un cambio en la atmósfera. La banda llevó la noche hacia un terreno más técnico y progresivo, construyendo una presentación donde la complejidad musical y la carga conceptual tuvieron tanto protagonismo como la potencia sonora. Su propuesta exigía atención, y el público respondió.
La apertura con ‘Kismet’ fue una excelente carta de presentación, no solo por su estructura desafiante, sino también por la profundidad temática que plantea sobre el destino y las decisiones inevitables. Después, ‘Ancient Spectres’ y ‘Encrypted Reality’ ampliaron esa sensación de inmersión con cambios de ritmo precisos y una ejecución que se sintió muy bien trabajada. Cada transición tenía intención, cada pausa generaba tensión.

Con ‘Sol Agnates’ y ‘Disposession’, la banda terminó de consolidar uno de los sets más interesantes de la noche previa al plato principal. La oscuridad emocional y la fuerza interpretativa encontraron muy buena respuesta en el Caupolicán. Más adelante, ‘Immanence’ aportó uno de los pasajes más envolventes del show, antes de cerrar con ‘Dajjal’, una canción cargada de simbolismo y reflexión sobre manipulación, fe y colapso social. Lo mostrado en vivo confirmó la solidez de «At The Shadow of the Andes» y dejó en evidencia que All Tomorrows posee un lugar bien ganado dentro del metal progresivo nacional.

A las 21:30 en punto, Jinjer apareció sobre el escenario y el Teatro Caupolicán cambió de temperatura. La apertura con ‘Duél’ marcó el inicio de una descarga precisa, agresiva y perfectamente calculada. La banda no perdió tiempo y enlazó rápidamente con ‘Green Serpent’ y ‘Fast Draw’, generando un arranque demoledor que encontró al público completamente entregado desde los primeros minutos.

Tatiana Shmayluk apareció con un vestido rosado que resaltaba inmediatamente entre la oscuridad visual del escenario y la potencia sonora de la banda. Su presencia fue magnética desde el primer instante. No necesitó exageraciones ni grandes gestos para dominar el espacio; bastaba con su forma de moverse, su mirada y la seguridad con la que conducía cada momento del show. Vocalmente, su rendimiento fue impresionante: pasar de líneas melódicas delicadas a guturales devastadores sigue siendo una de las marcas más impactantes de Jinjer en vivo, y ella lo ejecuta con una naturalidad que parece desafiar toda lógica.
‘Vortex’, ‘Disclosure!’ y ‘Tantrum’ mantuvieron la intensidad en un nivel altísimo, reafirmando el peso del material nuevo y la madurez compositiva de la banda. Con ‘Teacher, Teacher!’ llegó uno de los primeros grandes estallidos de la noche, mientras que ‘Kafka’ profundizó esa sensación de tensión constante, con una interpretación cargada de dramatismo y una respuesta inmediata del público.

Uno de los momentos más fuertes apareció con ‘Judgement (& Punishment)’, donde Jinjer desplegó toda esa mezcla tan propia entre groove metal, estructuras inesperadas y pasajes de una sutileza casi desconcertante antes de volver a golpear con toda su fuerza. El público respondió con un mosh permanente, intenso pero sorprendentemente ordenado, como si todos entendieran perfectamente el lenguaje de la banda. ‘Hedonist’ mantuvo esa misma energía y preparó el camino para el tramo final.
‘I Speak Astronomy’ y ‘Perennial’ fueron recibidas como himnos por quienes siguen a Jinjer desde hace años. Especialmente con ‘Perennial’, el recinto alcanzó uno de sus puntos más emotivos, con un público completamente involucrado en cada palabra y cada cambio de intensidad. Fue uno de esos momentos donde la banda y la audiencia parecen respirar al mismo ritmo.
Con ‘Someone’s Daughter’ y ‘Rogue’, el foco volvió sobre «Duél» y sobre esa capacidad que tiene Jinjer para abordar temas incómodos con crudeza y sensibilidad al mismo tiempo. La violencia, la pérdida de humanidad y la lucha interna se transforman en canciones que no solo golpean por su sonido, sino también por el peso de lo que transmiten.

Y entonces llegó ‘Pisces’, ese momento inevitable que todo fan espera. El silencio previo, la tensión contenida y esa progresión que pasa de la fragilidad absoluta a la explosión más brutal volvieron a provocar esa reacción casi física en el Teatro Caupolicán. No importa cuántas veces se escuche: sigue siendo una experiencia que paraliza.
El cierre llegó con el encore de ‘Sit Stay Roll Over’, una última descarga feroz y directa que terminó de sellar una presentación impecable. Fue el final ideal para una noche donde todo funcionó: un sonido claro y potente, visuales intensos, una banda afilada en cada detalle y una conexión genuina con el público.
Lo vivido el 23 de abril fue mucho más que otro concierto internacional de metal. Fue una demostración de oficio, personalidad y control absoluto sobre el escenario. Jinjer no necesita apoyarse en fórmulas repetidas ni en excesos innecesarios; su fuerza está en cómo convierten la complejidad en impacto real. Y en vivo, hoy, siguen estando varios pasos por delante.
Reseña por Matias Arteaga S.
fOTOGRAFIAS POR: Rubén Garate (@brutal_pebre_ en Instagram)
