La banda encargada de abrir el show hoy en Blondie fue »Disaster» la que provocó una verdadera carnicería sonora que reafirmó por qué la agrupación nacional es uno de los pilares más inamovibles y brutales del Thrash Metal sudamericano en este 2026. Desde el momento en que las luces se extinguieron y los primeros acoples de guitarra cortaron el aire, el ambiente en el recinto se tornó denso y cargado de una violencia eléctrica que solo una banda con su

trayectoria y convicción puede generar,la banfda se paseo con sus exitos de sus albunes »Rituales de sangre»,»Pestilencia» y »Criaturas del mal» cautivaron a los asistentes .Disaster no solo dio un concierto, sino que dictó una cátedra de resistencia y autenticidad, dejando claro que mientras ellos estén sobre un escenario, el espíritu más oscuro y veloz del underground nacional seguirá siendo una fuerza de la naturaleza imparable.

La cerveza, el sudor y el desenfreno volvieron a tomarse Santiago con el asalto de Tankard, los reyes indiscutidos del thrash metal etílico que demostraron, una vez más, que la seriedad no es un requisito obligatorio para ejecutar uno de los shows más técnicos y devastadores del circuito. Desde que Gerre subió al escenario, la energía fue una bomba de tiempo que estalló instantáneamente con los primeros riffs de «The Morning After», desatando un mosh pit que no conoció el descanso durante toda la jornada. La banda alemana, que este 2026 sigue portando la bandera del thrash más puro de Frankfurt, se mostró en un estado de forma envidiable, con

una precisión quirúrgica en las guitarras que contrastaba de forma hilarante y brillante con las bromas y la actitud desatada de su frontman. La conexión con el público chileno fue, como suele ser costumbre, un pacto de sangre y alcohol, donde cada clásico como «Empty Tankard» o «Chemical Invasion» era coreado con una devoción casi religiosa. La base rítmica fue un martillo neumático constante, manteniendo un tempo frenético que puso a prueba la resistencia física de los asistentes en la cancha del teatro. No hubo espacio para la pausa ni para la

complacencia; Tankard ofreció una clase magistral de cómo mantener viva la esencia del thrash de los ochenta sin caer en la nostalgia estancada, aportando una frescura y un humor corrosivo que hoy, en un mundo tan saturado de propuestas pretenciosas, se siente como un respiro de aire puro y distorsionado. El cierre con «Die with a Beer in Your Hand» no fue solo una canción, sino una declaración de principios que transformó el recinto en una fiesta

apocalíptica, dejando claro que mientras Tankard siga girando, el espíritu rebelde y festivo del metal tiene asegurado un lugar en la historia, reafirmando por qué son los embajadores definitivos de este sonido que combina la velocidad extrema con la capacidad de no tomarse demasiado en serio, cerrando así una de las noches más memorables y eufóricas del año en la capital.
Por: Marcelo Moya.
Fotografias por: Cristian Porras.
( Instagram: @cristianporras.fotografo)

