En el universo de la música oscura contemporánea, XTR HUMAN se ha convertido en uno
de los nombres que ha sabido moverse con naturalidad entre la tradición y la evolución del
sonido dark. El proyecto del músico alemán Johannes Stabel nació hace más de una
década dentro de la órbita del post-punk y el coldwave, pero con el paso del tiempo fue
transformándose hacia una propuesta más electrónica, marcada por el EBM, los
sintetizadores y una energía claramente pensada para la pista de baile.
Con una estética que combina atmósferas oscuras, pulsos industriales y una fuerte
identidad visual, XTR HUMAN ha ido consolidando su presencia en la escena alternativa
europea, presentándose en clubes y festivales del circuito dark mientras continúa
expandiendo su alcance hacia nuevos territorios.
Ese camino lo traerá por primera vez a nuestro país: XTR HUMAN debutará en Chile el
próximo 11 de abril, un encuentro esperado por los seguidores de la electrónica oscura y
el darkwave local.

Como antesala a esta visita, conversamos con Johannes Stabel para conocer más sobre la
evolución del proyecto, su proceso creativo, la escena dark actual y las expectativas de su
primer encuentro con el público chileno y latinoamericano. Una charla donde también
reflexionó sobre la energía de los conciertos, la conexión global que permite la música y el
futuro de su proyecto.
Tu música tiene una energía muy física, muy conectada con el ambiente de club.
¿Recuerdas el momento en que te diste cuenta de que tu proyecto debía
experimentarse en vivo y no solo en el estudio?
Probablemente fue después de mi primera gira por Estados Unidos en 2022, cuando
empecé a tocar más shows seguidos y en escenarios más grandes, como festivales.
Cuando tocas mucho en vivo recibes una respuesta directa del público y empiezas a notar
qué canciones funcionan mejor y cuáles son más divertidas de interpretar.
Eso influye en la manera en que produces las canciones después, porque ya tienes una
idea de cómo podrían funcionar en vivo. Desde que comencé a tocar más, especialmente
después de la pandemia, desarrollé un mejor sentido de lo emocionante que puede ser
interpretar estas canciones en directo.
Berlín es famosa por su vida nocturna. Si tuvieras que describir Berlín a las cuatro de
la mañana, ¿cómo sonaría?
Las cuatro de la mañana es probablemente el mejor momento para estar en un club.
Depende del tipo de evento al que vayas. Si es solo una fiesta nocturna, a esa hora
probablemente ya dejaste atrás la fase de calentamiento y estás en el punto más intenso de
la fiesta.
A mí también me gustan mucho los eventos que comienzan con conciertos de bandas en
vivo y luego se transforman en una fiesta. En ese caso ocurre algo similar: ya estáscompletamente dentro del ambiente y el ritmo de la música suele ser más rápido a esa hora
de la noche.
Muchas de tus canciones tienen una sensación bastante cinematográfica. Si XTR
HUMAN fuera una película, ¿qué tipo de película sería?
Es una pregunta difícil. Tal vez sería algo parecido a una película de Arnold
Schwarzenegger, como The Running Man o Eraser. No necesariamente las más famosas,
sino más bien esas películas de ciencia ficción de los años noventa.
Sería algo con una visión un poco apocalíptica, pero también con sentido del humor. No me
interesa que todo sea únicamente oscuro. La vida también tiene humor y eso también forma
parte del proyecto.
Quiero preguntarte sobre los orígenes del proyecto. Cuando comenzaste, ¿tenías una
visión clara de hacia dónde querías llevarlo o fue evolucionando de manera natural
con el tiempo?
Creo que evolucionó de forma natural. El proyecto ya existe desde hace unos catorce años.
Al principio era simplemente una forma de expresar mi música y ver cómo podía tocarla, ya
fuera con una banda o solo. En ese momento eso no era tan importante para mí.
Durante los primeros años toqué con una banda, pero lo que siempre fue esencial para mí
fue mantener la coherencia con mi ambición artística y escribir mi propia música.
La pandemia fue un momento clave, porque ya no era posible tocar en vivo. Eso me dio
más tiempo para concentrarme en la producción musical. En cierto modo fue algo positivo,
porque no tenía tantas otras obligaciones. Fue una especie de pausa para sentarse,
reflexionar y replantear cosas. Ese período cambió el proyecto hacia la forma en que existe
hoy.
En tus primeros trabajos el sonido estaba más cerca del post-punk y el coldwave,
pero con el tiempo evolucionó hacia algo más electrónico y cercano al EBM. Mirando
hacia atrás, ¿sientes que ese cambio fue una evolución natural o una ruptura con lo
que hacías antes?
Creo que tiene mucho que ver con lo que ocurrió durante la pandemia. Podríamos decir que
hubo una primera etapa de XTR HUMAN, con distintas personas involucradas, donde el
sonido era más post-punk, quizás también con influencias de shoegaze y guitarras.
Luego llegó una pausa de uno o dos años con muy pocos conciertos debido a la pandemia.
Aproveché ese tiempo para probar una dirección diferente y más electrónica. También fue
una decisión práctica, porque es más fácil grabar y producir música electrónica con
sintetizadores cuando trabajas desde casa y tienes un estudio propio, en comparación con
grabar una banda completa.
Ese fue el motivo principal. Estaba replanteando el proyecto en ese momento. Aun así, sigo
amando el post-punk, el shoegaze y la música alternativa, pero sentí que era el momento de
intentar algo distinto y no hacer exactamente la misma música toda la vida.
Cuando escuchas hoy tus primeros lanzamientos, ¿qué partes todavía sientes que te
representan y cuáles crees que pertenecen a otra etapa de tu vida?
Es curioso, porque a veces vuelvo a escuchar esa música antigua. Siempre hay canciones
con las que ya no te identificas tanto, pero también hay otras que sigo amando mucho,
especialmente algunas del primer álbum, como “Dysfunction” o “Miller’s Love”.
En general, todos los discos y canciones forman parte de tu historia. Están conectados con
momentos específicos de tu vida, con recuerdos y etapas personales. De alguna forma
todos me representan, aunque correspondan a una versión más joven de mí mismo.
Al mismo tiempo, también es importante mirar hacia el futuro y emocionarse con lo nuevo.
Por eso ahora me enfoco más en tocar las canciones recientes.
Muchos artistas dentro de la escena dark siguen dependiendo bastante de las
guitarras, pero tú decidiste moverte hacia un sonido más electrónico.
¿Qué te llevó atomar esa dirección?
Tiene que ver en parte con la manera de grabar y producir la música. Antes tenía una
configuración grande con guitarras, amplificadores y pedales. Me sigue gustando ese
sonido, pero también tiene varias desventajas.
Cuando estás escribiendo canciones, no siempre es fácil reemplazar o modificar un sonido
de guitarra, mientras que con un sintetizador puedes cambiar muchas cosas rápidamente.
Además, cuando sales de gira con guitarras y amplificadores tienes que transportar mucho
equipo.
También empecé a interesarme cada vez más por la música electrónica y por los sonidos
que se pueden crear hoy en día. No se trata solo de usar sintetizadores antiguos de los
años ochenta. Esos sonidos analógicos tienen su lugar, pero también me interesa trabajar
con herramientas modernas, como plugins actuales que permiten crear texturas muy
diferentes.
Ese proceso de explorar cómo se puede moldear el sonido dentro de la música electrónica
se volvió una parte muy interesante del proyecto.
La música oscura suele tener un contraste interesante: melancolía para escuchar,
pero también ritmos para bailar.

¿Por qué crees que la gente siente la necesidad debailar con emociones más oscuras?
Porque al final se trata de una fiesta. Cuando estás en una fiesta dentro de la escena dark,
desde que yo era joven, siempre han sido algunas de las mejores fiestas, especialmente
con música electrónica de los años ochenta. Hay muchísima música buena para bailar.
Por supuesto, también puedes hacer música oscura que no funcione tanto en ese contexto.
Pero yo siempre quise escribir canciones que fueran divertidas de tocar en vivo.
Para mí, tocar en directo es un factor muy importante. Hay artistas que prefieren quedarse
en el estudio, y eso también me gusta, pero no puedes pasar todo el año encerradproduciendo música. También necesitas salir, encontrarte con tu público, conocer gentenueva.
Esa es una de las razones principales por las que hago música: usarla como una forma de
conectar con personas de diferentes partes del mundo y encontrar un punto en común a
través de ella. Esa es, para mí, la verdadera magia de la música.
Muchos artistas miran hacia los años ochenta como una fuente de inspiración. Para
ti, ¿es nostalgia o simplemente un lenguaje musical que sigue vigente?
Creo que es un poco de ambas cosas. La nostalgia también puede ser algo muy positivo.
Algunas personas vivieron los años ochenta directamente y otras nacieron después, pero
aun así desarrollan una idea o una sensación de cómo fue esa época.
Hoy ocurre algo similar con los años noventa o los dos mil. Mirar hacia un período
específico del pasado puede ayudarte a reflexionar sobre él o a encontrar tu propia forma
de reinterpretarlo. Evidentemente nunca será exactamente el mismo tiempo, sino una nueva
perspectiva sobre esa inspiración.
Para mí siempre es importante combinar esa influencia con sonidos nuevos. Creo que casi
todas las bandas hacen eso, incluso aquellas que parecen muy nostálgicas o muy
centradas en el sonido de los ochenta. Siempre hay algo nuevo involucrado, porque se
graba con tecnología actual y el contexto de la industria musical también es diferente.
Por eso me gusta mantener ese espíritu nostálgico, pero siempre intentando incorporar
elementos nuevos.
¿Qué diferencias ves entre la escena dark actual y la que existía hace diez o quince
años?
Depende mucho del lugar del mundo desde donde lo mires. Yo solo puedo hablar desde la
experiencia en Alemania, especialmente en Berlín.
Si comparo la escena dark o industrial de Berlín con la de hace diez años, noto algunos
cambios. Hace una década hubo un gran auge del techno industrial y del EBM. Ese tipo de
música, que antes pertenecía más bien a la subcultura, se volvió muy popular y empezó a
sonar en muchas fiestas.
Ese auge alcanzó su punto máximo antes de la pandemia. Después de eso, la tendencia
empezó a moverse más hacia el rave de los años noventa y el trance. Personalmente no
soy el mayor fan de ese estilo, aunque también tiene movimientos interesantes.
Por otro lado, en Alemania existe históricamente una escena gótica muy fuerte, junto con
una escena de metal. Hay una tradición muy estable de fiestas darkwave en muchas
ciudades, y eso es muy positivo porque también ayuda a apoyar a bandas nuevas.
En cierto modo hay dos perspectivas: desde el lado electrónico, el auge del industrial fue
muy fuerte y luego volvió a un nivel más normal; mientras que la escena darkwave
tradicional se ha mantenido bastante constante.
Me gustaría hablar un poco sobre tu proceso creativo. Cuando comienzas una
canción nueva, ¿qué aparece primero: el ritmo, la atmósfera o una emoción?
El ritmo. Normalmente empiezo con un bombo básico y quizá una caja. Después, para mí,
lo más importante es el bajo.
En la música de baile, el bombo y el bajo son absolutamente fundamentales porque
comparten frecuencias y tienen que funcionar muy bien juntos. No puedes elegir un bombo
sin tener una idea clara de cómo va a sonar el bajo.
Para mí, cuando encuentro la combinación correcta entre el bombo y el bajo, ya tengo
alrededor del ochenta por ciento de la canción. Luego empiezo a probar distintas
variaciones del bajo, diferentes notas o patrones, y a partir de eso se pueden imaginar las
distintas partes de la canción.
Cuando ya tienes esas estructuras, es más fácil pensar qué podría ser un verso o un coro.
Después simplemente tomas esa base y comienzas a expandirla para construir toda la
canción, añadiendo las demás capas como baterías adicionales, sintetizadores y,
finalmente, las voces.
Tu música genera imágenes muy fuertes.
¿El cine, la literatura o el arte visual influyen en tu proceso de composición?
Creo que influyen más en la estética general del proyecto que en la composición directa de
una canción. No es que vea una película y piense que quiero capturar exactamente esa
historia en una canción.
Más bien tiene que ver con el ambiente o la identidad del proyecto. Por ejemplo, el tipo de
imagen visual que se crea, el diseño de las portadas, los videos o la estética general.
Esas referencias visuales y culturales ayudan a construir la atmósfera del proyecto
completo, más que a influir directamente en la estructura de una canción.
Muchos artistas electrónicos hablan de crear música para el cuerpo, mientras que
otros se enfocan más en construir atmósferas. Cuando compones, ¿piensas más en
el movimiento o en la emoción?
Pienso más en el movimiento, aunque creo que el movimiento también genera emociones.
Para mí lo más importante es el contexto en el que la canción va a vivir, especialmente en
un concierto.
Siempre pienso en cómo funcionará dentro del concepto completo de un show en vivo. El
movimiento puede provocar emociones, y cuando asistes a un buen concierto en vivo casi
siempre hay una emoción fuerte presente. Ese es el enfoque que tengo cuando escribo
música.

También fundaste tu propio sello discográfico, Wie Ein Gott Records. ¿Fue
principalmente una decisión artística o una reacción a la forma en que funciona la
industria musical?
En realidad surgió más bien de manera espontánea. Fue algo que apareció de forma
natural, simplemente tenía curiosidad por intentarlo y ver cómo funcionaba.
En ese momento ya tenía contacto con muchos artistas porque había trabajado con varios
de ellos en colaboraciones y remixes. Entonces pensé que sería interesante invitarlos a
participar en un proyecto y reunir canciones de distintos amigos en una compilación.
Así fue como empezó el sello: con una compilación donde reuní a varios artistas que me
gustaban y que además eran amigos. Publicamos ese material y el proceso fue muy
entretenido, así que decidí continuar.
Me gusta desarrollar proyectos creativos, y lanzar música de otros artistas también resulta
muy satisfactorio. No fue una decisión basada en el dinero ni en una necesidad específica
de independencia. Aunque tener un sello propio también te ayuda a entender mejor cómo
funciona la distribución o la promoción, la razón principal fue simplemente querer probar
algo nuevo.
Desde tu perspectiva como artista y también como fundador de un sello, ¿qué crees
que necesita la escena dark para seguir evolucionando?
Necesita personas que estén realmente motivadas a hacer cosas por la escena. Eso puede
ocurrir en muchos niveles diferentes.
Por ejemplo, en una ciudad pequeña puede haber alguien que organiza conciertos y
construye una red de contactos para traer bandas que de otra manera nunca tocarían allí.
Cuando aparece una persona así en una comunidad, puede generar un impacto enorme
porque ayuda a construir una escena local.
Yo crecí en el sur de Alemania, en Stuttgart, que no es una ciudad especialmente conocida
por su subcultura. Sin embargo, hubo espacios donde pudimos ver bandas como Lebanon
Hanover, Motorama o She Past Away cuando todavía eran relativamente pequeñas. Eso fue
posible gracias a personas muy motivadas que se dedicaban a traer esos conciertos.
Lo mismo ocurre con los sellos, los festivales o cualquier iniciativa dentro de la escena.
Todo comienza con personas que realmente creen en lo que hacen y lo hacen por las
razones correctas, no solo por motivos comerciales.
Por supuesto, también es importante que el proyecto sea sostenible económicamente,
porque si siempre pierdes dinero no puedes continuar. Pero las personas que logran
mantener estas iniciativas a largo plazo suelen tener ambas cosas: pasión por la música y la
capacidad de hacerlo funcionar de manera responsable.
Has tocado en varios festivales de música en Europa. ¿Notas diferencias entre el
público alemán y el público internacional?
Sí, definitivamente hay diferencias. No quiero hablar mal de los alemanes, pero en general
el público de otros países suele bailar con más facilidad.
Lo digo también porque yo soy de Baviera y conozco bien la cultura alemana. A los
alemanes también nos gusta la fiesta, pero muchas veces les cuesta más soltarse y
empezar a bailar, incluso con un ritmo sencillo.
Cada cultura tiene su propia manera de expresar entusiasmo. En algunos lugares la gente
es más abierta desde el principio, especialmente cuando se trata de descubrir música
nueva.
Todavía no he tocado en Latinoamérica, eso ocurrirá por primera vez en abril. Pero en
países como Italia, España o incluso en Estados Unidos he notado que el público suele ser
más espontáneo y se anima a reaccionar más rápido, incluso cuando todavía no conoce las
canciones.
En los últimos años la escena dark en Latinoamérica ha crecido mucho. ¿Te ha
sorprendido ver hasta dónde ha llegado tu música fuera de Europa?
Sí, por supuesto. Siempre es algo increíble. Cuando publicas música no se trata tanto de los
números; incluso si descubres que hay una sola persona a miles de kilómetros escuchando
tu canción, eso ya es algo impresionante.
El hecho de poder conectar con alguien que está en la otra mitad del planeta es realmente
motivador. Y en Latinoamérica, en general, la música está viviendo un momento muy fuerte.
Desde hace años muchos artistas amigos han ido de gira por allá y siempre regresan
diciendo que es uno de los mejores lugares para tocar, porque la gente es muy amable,
abierta y entusiasta. Creo que eso es fantástico y que también puede ser una inspiración
para otras partes del mundo.
En abril realizarás tu debut en Chile. Muchos artistas dicen que el público
latinoamericano es uno de los más apasionados del mundo.
¿Tienes alguna expectativa o prefieres dejar que todo fluya cuando llegues?
Definitivamente voy a dejar que todo fluya. Tengo la sensación de que será una gran
experiencia, porque desde hace muchos años estoy en contacto con personas de
Latinoamérica que han seguido el proyecto.
A lo largo del tiempo he recibido mensajes de gente que nunca he visto en persona, pero
que ha apoyado el proyecto desde el comienzo. Después de catorce años, finalmente
tendré la oportunidad de conocer a algunas de esas personas cara a cara.
Estoy muy emocionado por eso y tengo una sensación muy positiva de lo que ocurrirá.
Si alguien descubre tu música por primera vez en el concierto en Chile, ¿qué canción
debería escuchar después para entender realmente tu universo?
En este momento probablemente diría dos canciones: “Night” o “Abgrund”.
“Night” hace referencia a un cáliz, mientras que “Abgrund” significa “abismo”. Ambas tienen
un sonido EBM bastante potente y moderno, pero también mantienen una conexión con la
música electrónica de los años ochenta.
Creo que representan bien lo que es el proyecto actualmente. Además, si alguien se
interesa por la música, también puede prestar atención a las letras. Muchas de ellas hablan
de temas como el capitalismo, la crítica a ciertos aspectos del sistema y también del
crecimiento del nacionalismo y del populismo de derecha.
Son temas que me preocupan mucho, porque afectan al mundo en el que vivimos. A través
de la música también intento conectar a las personas que conozco en las giras y crear
pequeños espacios donde podamos compartir ideas y oponernos a esas tendencias
negativas.
Imagina que vuelves a Chile dentro de diez años.

¿Cómo te gustaría que hubiera evolucionado tu proyecto para ese momento?
Me gustaría seguir disfrutando lo que hago y seguir amando las canciones que produzco.
Más allá de cualquier éxito o crecimiento en popularidad, lo más importante es mantener
esa conexión con la música.
Claro que siempre es bueno evolucionar y que más personas conozcan tu trabajo, pero si
tienes que comprometer tu parte creativa para lograrlo, entonces ese éxito no se siente tan
bien.
Espero que dentro de diez años haya grabado tres o cuatro álbumes más, seguir de gira y
que la gente todavía esté interesada en mi música.
Para terminar, ¿qué te gustaría decirle a tus fans en Chile y en Latinoamérica antes de
esta gira?
Tengo muchas ganas de conocerlos a todos. Estoy muy entusiasmado por visitar Santiago,
descubrir la ciudad y conocer más de su cultura.
Realmente estoy esperando ese momento con muchas ganas y espero poder verlos pronto
en el concierto.
Entrevista por Matias Arteaga S.
