Hablar de «Evil Dead» es hablar de una de las franquicias más particulares e influyentes del cine de terror. Desde que Sam Raimi sorprendió al mundo en 1981 con una producción independiente marcada por la creatividad, la violencia gráfica y una energía imposible dereplicar, la saga encontró un lugar privilegiado dentro del género. Lo que comenzó como la historia de un grupo de jóvenes que llegaba a una cabaña perdida y desataba una fuerza
demoníaca tras entrar en contacto con el Necronomicón terminó convirtiéndose en un fenómeno de culto, especialmente gracias a la combinación entre horror, humor negro y una imaginación visual que transformó sus limitaciones presupuestarias en parte de su encanto.

La trilogía original, formada por «Evil Dead», «Evil Dead II» y «Army of Darkness», no solamente construyó una identidad propia, sino que también convirtió a Ash Williams,interpretado por Bruce Campbell, en uno de los personajes más reconocidos del cinefantástico. La mezcla entre el exceso, la comedia física y el gore artesanal de Raimi hizoque estas películas fueran mucho más que simples historias de posesiones demoníacas.
Eran experiencias caóticas, irreverentes y profundamente entretenidas, capaces de pasar del terror más incómodo al absurdo más delirante en cuestión de segundos.
Después de años sin una nueva entrega cinematográfica, la franquicia encontró una nueva oportunidad de continuar bajo una fórmula diferente: permitir que nuevos realizadorestomaran el universo creado por Raimi para entregar sus propias interpretaciones. Así llegó»Evil Dead» en 2013, dirigida por Fede Álvarez, una versión mucho más oscura y violentaque dejó atrás gran parte del humor para enfocarse en un horror físico y extremo.
Posteriormente, Lee Cronin presentó «Evil Dead: El despertar» en 2023, trasladando laamenaza de los Deadites a un nuevo escenario y demostrando que la saga todavía podía encontrar caminos distintos para reinventarse.
Ahora es el turno del director francés Sébastien Vanicek, quien junto a Florent Bernardescribe y dirige «Evil Dead: En llamas», una nueva historia que busca continuar esta etapamoderna de la franquicia, tomando elementos clásicos como el Necronomicón y losDeadites, pero intentando sumar una mirada más enfocada en los traumas personales yfamiliares. El resultado es una película que tiene momentos de verdadero impacto, pero que
también deja la sensación de estar buscando una identidad propia sin encontrar completamente el equilibrio.
La historia sigue a Alice, una joven que acaba de perder a su esposo William en un accidente automovilístico. Sin embargo, el duelo está lejos de ser el único problema quedeberá enfrentar, ya que la relación con la familia de su fallecido marido está marcada portensiones, conflictos y una dinámica familiar profundamente dañina. Lo que comienza comoun incómodo encuentro después de la tragedia pronto se transforma en una nueva batalla
por sobrevivir cuando los Deadites aparecen nuevamente y convierten ese entorno familiar
en un escenario de horror.

Uno de los aspectos más interesantes de la película es que Vanicek intenta utilizar la amenaza sobrenatural como una extensión de los conflictos internos de sus personajes. Lapresencia demoníaca funciona como una representación de la violencia, el abuso y la heridas acumuladas dentro de esta familia, siguiendo una tendencia que ya habían explorado las últimas entregas de la saga. Sin embargo, aunque la idea tiene potencial, el guion no siempre consigue profundizar en estos elementos y muchas veces el peso dramático termina compitiendo con la esencia más descontrolada que históricamente definió a «Evil Dead».
Donde la película sí demuestra sus mayores fortalezas es en la puesta en escena.
Sébastien Vanicek entiende que esta franquicia necesita incomodar al espectador y entrega varias secuencias cargadas de violencia gráfica, creatividad visual y un despliegue de efectos prácticos que mantienen vivo uno de los sellos más importantes de la saga. Hay momentos donde la imaginación del director logra transformar situaciones cotidianas en auténticas pesadillas, utilizando objetos comunes como herramientas de destrucción y
construyendo escenas que obligan a mirar hacia otro lado.
La protagonista también es uno de los puntos más sólidos. Souheila Yacoub entrega una interpretación convincente como Alice, construyendo una sobreviviente que ya llega golpeada por su propia historia antes de enfrentarse a la amenaza sobrenatural. Su evolución dentro del relato funciona mejor que muchos de los personajes secundarios, quienes lamentablemente no alcanzan el mismo desarrollo y terminan siendo más piezas
dentro del caos que figuras con las que el espectador pueda conectar realmente. Pero justamente ahí aparece uno de los principales problemas de «Evil Dead: En llamas». La saga siempre tuvo personajes simples, pero detrás de ellos existía una energía, un carismay una sensación de diversión que hacía que el público quisiera acompañarlos en medio del desastre. En esta ocasión, gran parte del elenco está construido desde la incomodidad, el
conflicto y la tensión permanente, lo que hace que la experiencia sea más fría y distante. Lapelícula busca ser más profunda y dramática, pero en algunos momentos pierde esa combinación de horror y humor negro que convirtió a las primeras entregas en clásicos.
A esto se suma una estética visual que apuesta por tonos apagados y una atmósfera mucho más gris, alejándose de la energía expresiva que caracterizó a la franquicia. Si bien existen decisiones interesantes de cámara y algunas escenas están muy bien construidas, ciertos efectos digitales y un tramo final que apuesta demasiado por lo artificial terminan debilitandouna película que funciona mejor cuando se apoya en lo físico, lo artesanal y lo visceral.
«Evil Dead: En llamas» no es una película que falle por falta de ideas. Al contrario, hay una intención clara de llevar la saga hacia nuevos territorios y explorar una dimensión más oscura de sus personajes. El problema es que, al intentar alejarse demasiado de sus raíces,termina perdiendo parte del espíritu que hizo especial a «Evil Dead». La violencia está presente, los Deadites siguen siendo una amenaza efectiva y Vanicek demuestra talento
para crear imágenes impactantes, pero la película nunca alcanza completamente esa mezcla de horror, humor y locura que convirtió a la franquicia en un referente.
A pesar de sus irregularidades, «Evil Dead: En llamas» mantiene vivo un universo que se resiste a desaparecer y confirma que todavía existe espacio para nuevas interpretaciones de esta historia. Será una experiencia que funcionará mejor para quienes busquen un capítulo más oscuro y brutal de la saga, mientras que algunos fanáticos podrían extrañar la irreverencia y el espíritu desatado de Sam Raimi.
Finalmente, como ocurre con toda experiencia cinematográfica, el juicio definitivo queda en manos de cada espectador. Los invitamos a ver «Evil Dead: En llamas», película que ya está disponible en las mejores salas del país, y descubrir por ustedes mismos si esta nueva pesadilla logra mantener encendida la llama de una de las franquicias más importantes del cine de terror.
Reseña por Matias Arteaga S.
