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Darknoise Magazine > Blog > Reseñas > Hocico + ghostbells: Santiago volvió a bailar entre sombras
Reseñas

Hocico + ghostbells: Santiago volvió a bailar entre sombras

Última actualización: 2026/10/05 at 2:13 PM
Darknoise
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La relación entre Hocico y Chile hace tiempo dejó de necesitar demasiadas explicaciones. Cada regreso del dúo mexicano confirma un vínculo construido sobre años de visitas, pistas de baile convertidas en verdaderos campos de batalla y una comunidad que ha encontrado en su mezcla de electro-industrial, EBM y oscuridad un lenguaje compartido. Erk Aicrag y Racso Agroyam conocen perfectamente esa conexión y, lejos de tratarla como una parada más dentro de una gira, continúan alimentándola con una cercanía que se percibe arriba y abajo del escenario. Por eso su presencia encabezando la primera jornada del Santiago Gothic Treffen tenía algo de encuentro entre viejos conocidos: cambiaría el recinto, cambiaría el contexto, pero la misión seguía siendo la misma. Bailar hasta que el cuerpo dijera basta.


Antes de llegar a ese punto, ghostbells tuvo la responsabilidad de abrir la noche en el Teatro Roma. El proyecto estadounidense encontró rápidamente la manera de entrar en sintonía con un público que quizás no conocía demasiado su propuesta, apoyándose en una combinación de electrónica oscura, pulsaciones cercanas al EBM y una actitud escénica que fue creciendo a medida que avanzaba su presentación. Lo interesante estuvo precisamente en esa capacidad para romper la distancia inicial. Lo que comenzó como el descubrimiento de una banda para buena parte de los presentes terminó transformándose en una presentación cálidamente recibida, con cada vez más movimiento frente al escenario. Su vocalista terminó llevando esa conexión un paso más allá cuando bajó a mezclarse y bailar entre el público durante uno de los últimos temas. La reacción de los músicos lo decía prácticamente todo: ghostbells había llegado como invitado y se marchaba visiblemente contento con la respuesta chilena. Y todavía quedaba una sorpresa para más adelante.


Cuando llegó el turno de Hocico, las contemplaciones duraron poco. ‘The Screen’ abrió inmediatamente las compuertas y ‘Bite Me!’ terminó de instalar esa sensación tan reconocible de sus conciertos: bajos que golpean físicamente, secuencias que prácticamente obligan al movimiento y Erk ocupando el escenario como si su única misión fuera impedir que alguien permaneciera quieto. El sonido acompañó desde el comienzo, potente y definido, permitiendo que esa maquinaria electrónica funcionara con toda su fuerza. ‘Psychonaut’ mantuvo la presión mientras ‘Tales From the Third World’ reforzó una de las características que siguen haciendo especial al dúo después de tantos años: detrás del carácter visceral de su música siempre existe una mirada incómoda sobre la realidad que los rodea.


Pero analizar demasiado un concierto de Hocico mientras está ocurriendo casi contradice su naturaleza. Hay momentos para observar y otros para simplemente entregarse al ritmo. ‘Poltergeist’ y ‘Dead Trust’ encontraron al Teatro Roma completamente metido en esa dinámica, con Erk moviéndose constantemente, provocando al público y recibiendo una respuesta que parecía aumentar con cada canción. Entre medio hubo espacio para sus palabras hacia Chile, siempre desde el cariño y el agradecimiento. No sonaban como frases obligatorias entre canciones, sino como el reconocimiento de alguien consciente del lugar que este público ha ocupado en la historia de la banda.


‘Bienvenido a la maldad’ cayó entonces con toda la agresividad que anuncia su título y ‘Ecos’ permitió continuar recorriendo distintas etapas de Hocico sin perder intensidad. Para ese momento el concierto ya estaba instalado definitivamente como una fiesta oscura, sudorosa y física. ‘Fed Up’ empujó nuevamente las pulsaciones hacia arriba antes de que apareciera ‘N.W.O.’, la incendiaria versión de Ministry que Hocico ha incorporado a su repertorio y que encaja naturalmente dentro de su propio universo. No se sintió como una pausa para rendir homenaje, sino como otra pieza de la misma descarga industrial que estaba sacudiendo el recinto.
La recta final tampoco estaba pensada para administrar energías. ‘Brainrot’ llevó el repertorio hacia el presente de la banda manteniendo intacta esa combinación de violencia electrónica y espíritu de club, para luego encontrar en ‘Tiempos de furia’ uno de esos momentos donde el título parece describir perfectamente lo que ocurre frente al escenario. El público saltaba, bailaba y acompañaba a un Erk que nunca permitió que la

intensidad descendiera demasiado. Podía ser un set más breve de lo que muchos hubiesen querido, pero Hocico estaba compensando duración con contundencia: prácticamente no había espacio sobrante.
La pausa antes del encore fue apenas un respiro. ‘Sexo bajo testosterona’ devolvió inmediatamente el golpe y confirmó que todavía quedaban fuerzas para una última descarga. Sin embargo, el cierre reservó uno de los momentos más especiales de la jornada. ‘Forgotten Tears’, uno de los temas fundamentales del repertorio de Hocico, reunió nuevamente sobre el escenario a los mexicanos con ghostbells, completando de alguna manera la historia que había comenzado horas antes. Aquella banda que había logrado conquistar al público chileno durante la apertura terminaba ahora compartiendo uno de los momentos finales con los protagonistas de la noche.


Quizás ahí está la razón por la que Hocico sigue funcionando tan bien en Chile. Sus conciertos no necesitan grandes artificios ni extensiones innecesarias para generar algo. Necesitan volumen, oscuridad, ritmo y una audiencia dispuesta a entregarse. Erk volvió a demostrar durante toda la presentación cuánto valora esa respuesta, agradeciendo y manteniendo una cercanía permanente con la gente, mientras Racso sostenía desde su puesto el pulso de una máquina que lleva décadas perfeccionándose sin perder su carácter.
La primera jornada del Santiago Gothic Treffen encontró así un cierre completamente coherente con el espíritu que buscaba celebrar. ghostbells dejó una excelente impresión y Hocico volvió a hacer lo que mejor sabe hacer en nuestro país: transformar un recinto en una pista de baile oscura, intensa y colectiva. El set pudo sentirse corto, sí, pero también dejó esa sensación que probablemente sea mucho más importante: querer un poco más. Mientras esa conexión entre Hocico y Chile continúe alimentándose de noches como esta, habrá pocas razones para pensar que la historia esté cerca de terminar. Que sigan regresando y, sobre todo, que la fiesta no pare.


Reseña por Matias Arteaga S.

Fotos: @cristianporras.fotografo.

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Darknoise 5 de octubre de 2026
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